2009-10-01 |
Filosofía y Opinión
El buen uso de la memoria
Por Leandro M. Yampolsky
Todos hemos tenido que hacer uso de nuestra memoria en algún momento y lo seguiremos haciendo hasta el fin de nuestras vidas. Mientras tanto, resulta inconcebible que alguien pueda pensar ordenadamente sin su memoria. Desde aprender a comunicarse a través de un lenguaje, hasta recordar números, imágenes o reglas, cualquier idea que uno tenga recurrirá a algo que se disponga almacenado en la memoria. Mas es necesario distinguir a qué se recurre cuando se piensa y cuál el método más efectivo para hacerlo. Esto da cabida a definir lo que es un buen aprendizaje, es decir a lograr valerse de ideas propias. Veremos por qué los factores previamente mencionados en el uso de la memoria no son usualmente considerados en la educación.
Antes que nada, hay que tener en cuenta la acción de memorizar, y por ella entiendo que es el esfuerzo que uno ejerce voluntariamente para retener información en su memoria. Hay una diferencia sustancial entre lo que uno adquiere en su memoria involuntariamente, como si recuerda haber visto pasar un avión aquella mañana porque atrajo su atención, y algo que requiere de un esfuerzo para poder ser luego recordado, como se suele dar en los sistemas de aprendizaje. Cuando algo queda en la memoria involuntariamente, está claro que excede a la facultad de uno de poder decidir qué retener. Si el recuerdo es algo innecesario, en el peor de los casos lo olvidará y no habrá perdido nada, mientras que si le llega a ser útil saldrá ganando. En el caso de la memorización, uno tiene inicialmente una pérdida de esfuerzo, o sea hay un esfuerzo invertido que sólo podrá ser recuperado en base al uso que se le dé al recuerdo memorizado. El no analizar esto es en lo que fallan los métodos de educación que promueven la memorización como una cualidad necesaria al aprendizaje.
La memoria, o los recuerdos que se disponen en la mente, deben ser vistos como herramientas para poder pensar bien, o sea que habiendo una cadena de ideas no se interrumpa por falta de información o por trivialidades tales como desconocer cuál es la superficie del territorio argentino. En este aspecto la memoria es una herramienta útil para aprender a pensar, porque podemos recurrir a ella para obtener esa información y proseguir.
¿Pero acaso no poseemos otras grandes fuentes de información que nos dan acceso al conocimiento? Sí. Para ejemplificar, hay un gran invento del hombre que permite almacenar grandes cantidades de información y pone en ridículo a nuestras capacidades biológicas. Esta gran invención tecnológica es normalmente llamada “libro”. En estos sofisticados aparatos, uno puede hallar información sobre casi cualquier cosa que le resulte necesario saber y en demasía. Las únicas desventajas que tiene es que hay que conseguir el ejemplar de libro que contiene la información y luego hallarla, lo que puede resultar una tarea tediosa.
Y aquí, mágicamente, surge otro invento que es una máquina capaz de almacenar la información de millones de libros adentro de una caja del tamaño de la palma de una mano. A este lo llaman “computadora”. Estas computadoras disponen también de la habilidad de reducir drásticamente el tiempo de búsqueda a un periodo casi insignificante y sin realizar esfuerzo alguno. Suponiendo que alguien llega a tener a su alcance alguno de estos misteriosos dispositivos, se puede preguntar cómo hará para hacer llegar su información si no la tenía inicialmente. La solución es Internet.
Mientras la tecnología del acceso a la información avanza con desenfreno, la educación continúa en la Edad Media. ¿Cuál es el objeto de obligar a memorizar la información que se encuentra en un libro? ¿Acaso el libro desaparecerá y no se podrá volver a utilizar? ¿Los educadores creen en las ridículas predicciones apocalípticas y están preparando a la gente a sobrevivir en esa situación imaginaria? Los hechos son que:
1. La capacidad de nuestra memoria no se asemeja a la capacidad de almacenamiento de una computadora. 2. El esfuerzo requerido en memorizar es ineficiente al ser comparado con el esfuerzo que requiere aprender a obtener información por medio de una computadora con acceso a Internet.
Por lo tanto, cualquier intento de obligar a memorizar algo es un malgasto de tiempo y esfuerzo. Lo único que puede garantizar esta práctica es contribuir con la idiotización en masa. El aprendizaje no debe consistir en retener información, sino en saber cómo acceder a ella cuando se la necesita. |
 |
 |
 |
| |
 |
 |
Comentarios |
|
 |
| 12/06/2010 |
|
Prof. Gustavo P. dijo:
Parece olvidar el autor que los libros se actualizan y alguien tiene que tener algún conocimiento pa escribirlos ¿no?. Olvida que si no tenemos criterio para juzgar lo que leemos, fácilmente podemos ser engañados. Olvida que si la memoria no se ejercita, con el tiempo se pierde.Realmente sorprenden estos razonamientos pueriles,propios de un adolescente en alguien que pretende escribir sobre Filosofía y que no tiene nigún sentido crítico. El artículo es un sinsentido, propio de un adolescente del secundario. |
 |
| 25/06/2010 |
|
Leandro Yampolsky dijo:
Parece olvidar el comentarista Prof. (de que?) Gustavo P. que para criticar algo hay que haberlo leido antes. Yo en ningun momento dije que la memoria o memorizar no servia para nada, sino que juzgue el requisito en los sistemas educacionales de obligar a memorizar, lo que no tiene relacion alguna con lo que me escribe.
Luego, su argumento referido a mi persona no es mas que una falacia ad hominem (que por cierto tiene premisas falsas, reflejando la ignorancia del comentarista) y se esperaria algo mejor de alguien que dice ser "Prof.", no?
Si no va a pensar un poco antes de escribir, le recomiendo que visite los siguientes sitios:
http://www.lanacion.com.ar/
http://www.perfil.com/
Alli podra comentar lo que se le de la gana y usar todas las falacias que antoje. |
 |
| 05/07/2010 |
|
Vanesa dijo:
La verdad que yo pienso igual, es una nota sin sentido |
 |
| 06/08/2010 |
|
Thomas vasques dijo:
comparto plenamente la nota |
 |
|
|
 |
 |
 |
|